Ecos del Inconsciente: Redimir la culpa entre muros

Un recorrido desde el «delincuente por sentimiento de culpa» de Freud hasta la neurobiología del trauma: Cómo el sistema penitenciario evoluciona del castigo inconsciente a la transformación genética y social.

 

Por Ana Rosa Rodríguez

HoyLunes – Recién egresada de los estudios de pregrado como educadora, en el área de orientación, en la ilustre Universidad Del Zulia, en mi país de nacimiento, Venezuela. Las propuestas de oportunidades donde desempeñar mi profesión, se vislumbraban entre el campo empresarial, la docencia universitaria y el sistema penitenciario venezolano, donde finalmente iniciaría el ejercicio profesional como funcionaria del Ministerio de Interior y Justicia, coordinando Programas de Reinserción Social, posterior a la promulgación de la Ley de Sometimiento a Juicio y Suspensión Condicional de la Pena en fecha: 01 de abril de 1980 según gaceta oficial número 31.956.

Función esta, donde las exigencias planteadas, aunadas a la curiosidad de la retórica teórica y conceptual sembraron inquietudes profundas sobre el crimen y sus causales, constituyendo ese el tema apasionante que me llevaría por senderos multifacéticos y holísticos, hasta llegar a interpretar fenómenos transpersonales de alta espiritualidad, manteniendo la perspectiva de la ética y responsabilidad en el desarrollo de los objetivos del programa en cuestión, con la respectiva verificación de los resultados medibles y cuantificables que debía reportar sistemática y periódicamente sobre los avances sociales, familiares, laborales y sobre la transformación de la personalidad y las actitudes de los procesados y penados asistidos.

El énfasis de análisis estuvo en una de las perspectivas más fascinantes y debatidas en el ámbito penitenciario, como es la criminología clínica con enfoque psicoanalítico; donde se explica sobre el estilo de comportamiento delictivo en los individuos, quienes expresan una tendencia a cometer hechos punibles como forma de “redimir culpas” guardadas en el subconsciente, como reminiscencias de patrones parentales ancestrales.

El guion escrito por los ancestros: la repetición de patrones como un intento fallido de autocuración.

La teoría psicoanalítica aplicada en los principios de la criminología, data de los años 1916, con los aportes de Sigmund Freud en su postulado: “delincuente por sentimiento de culpa“. Esta teoría propuso que, en ciertos individuos, la culpa es preexistente. A diferencia de la lógica común donde la culpa aparece después del error que le da sentido al delito. Surge de un conflicto interno proveniente de sentimientos de culpabilidad adquiridos por patrones de crianza y deseos reprimidos, de donde proviene que el individuo sienta inconscientemente la necesidad de castigo, al vincular esa culpa difusa y ancestral (inexplicable) a hechos concretos. Los componentes claves de esta teoría están sustentados en lo que el psicoanálisis definió como el “Super yo cruel”, representados en esquemas morales y parentales interiorizados en su subconsciente.

Es un enfoque estrictamente severo, ya que no solo juzga los propios actos, sino los pensamientos difusos, producto de las culpas y traumas no resueltos de padres y ancestros, que se van transmitiendo a través de modelos de crianza en el “super yo” heredado y arcaico.

El delito o error cometido, actúa como una válvula de escape del inconsciente subjetivo: “prefiero ser acusado y castigado por un hecho real, que vivir con una culpa inconfesable que no tiene explicación». Según esa perspectiva psicoanalítica en el campo de los fenómenos criminógenos, se puede interpretar que el individuo representa un guion escrito por sus ancestros, si en la historia familiar hubo “un pecado no pagado”; el descendiente y sus circunstancias lo llevan a “pagar la deuda” de su linaje. En ese marco referencial, el hecho punible, no es un acto de maldad, sino un intento fallido de autocuración, según se interpreta en ese mundo inconsciente, como una “redención” a través del sufrimiento que ocasiona el proceso legal.

Al hacer referencia a los estudios de la criminología moderna, posterior a los inicios freudianos, donde se pasa de la “introspección del alma” y la “necesidad de castigo” que sugiere el psicoanálisis, a la evidencia de los datos, sustentados por los avances en la neurociencia y la psicología cognitiva conductual; se ve que no se ha desechado del todo la idea inicial, sino que se ha recontextualizado de forma más pragmática.

De la mística a la molécula: la epigenética revela cómo los conflictos familiares dejan marcas químicas en nuestras respuestas al estrés.

Actualmente, a la luz de las nuevas tendencias en psicoterapia y tratamiento de Reinserción Social, se analiza ese tratado freudiano, desde una perspectiva pragmática, redefiniendo el “sentimiento de culpa” y el “deseo de redención” como una baja tolerancia a la frustración, tendencias de personalidad agresivas y violentas (rasgos observables cuando se aplican los test psicológicos en individuos que son objeto de estudio, por los equipos técnicos en los centros penitenciarios); condición esta que es tratada, como baja autoestima o sentimientos de auto derrota.

De todo esto se deduce como crítica para el debido tratamiento en el derecho procesal penal que este enfoque psicoanalítico no puede considerarse como atenuantes y/o agravantes o para demostrar científicamente que alguien cometió el hecho punible, porque “sentía culpas inexplicables”, por deseos infantiles ”reprimidos”, ó por “redimir culpas ancestrales”. La ciencia actual busca variables medibles; de allí que, en vez de hablar de “patrones parentales ancestrales”, se plantean como predisposiciones genéticas y epigenética, ya que se ha demostrado científicamente que el trauma de los padres y conflictos familiares latentes pueden dejar marcas químicas en el ADN que afectan las respuestas al estrés de los descendientes; lo cual aclara en otros términos, que no es una “reminiscencia mística”, sino una alteración biológica en el eje hipotálamo-hipofisiario-adrenal, que predispone a conductas impulsivas.

La criminología moderna observa cómo los vínculos parentales afectan la trayectoria criminal, pero desde una perspectiva de control social. Si los patrones parentales con tendencia delictiva sirvieron de modelo en la crianza, el individuo no delinque para “redimirse”, sino porque nunca desarrolló el autocontrol necesario, y porque además sus lazos sociales son débiles y poco empáticos, desde su infancia. La criminología moderna plantea que la “redención” no se busca inconscientemente a través del castigo, sino a través de puntos de inflexión adecuados, en proveedores puntuales de capital social, junto con un tratamiento de psicoterapia profunda para revelar el contenido del inconsciente, además de la terapia cognitiva conductual y programas de Reinserción Social.

Hacia una transformación real: sustituir la búsqueda del castigo por la construcción de autocontrol y lazos de empatía.

En resumen, la criminología moderna ha cambiado del por qué (la causa oculta del pasado); por el cómo (tratar el proceso biológico y social del presente). Siendo así, los Programas en el ámbito penitenciario deberían apuntar más hacia la transformación interna del individuo, aplicando infinidad de estrategias vanguardistas aportadas por disciplinas como la neurociencia, la programación neurolingüística, terapias basadas en el trauma y neurobiología, terapias de tercera generación, entre otras. Reivindicando además el daño que, sustancialmente fue en perjuicio de sus víctimas y de la sociedad en general, facilitando y ofreciendo servicios para el bien social y colectivo.

Ana Rosa Rodriguez. Orientadora-psicoterapeuta. Escritora y poeta.

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